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Monumento a las víctimas de la dictadura en Jaén

El 1 de noviembre de 2007 se inauguró el monumento en honor a las casi 2.000 víctimas del franquismo que yacen en las fosas comunes del cementerio de San Eufrasio de Jaén. 

El presente artículo realiza un recorrido histórico sobre el diferente trato que recibieron las víctimas de cada uno de los dos bandos en Jaén.

 

“Murieron por defender la libertad y la democracia”

 

En un multitudinario y emotivo acto quedó inaugurado, el 1 de noviembre de 2007, el monumento a las víctimas de la dictadura franquista en Jaén. El evento estuvo presentado por la popular periodista Concha García Campoy (nieta de una víctima de la dictadura en Jaén) que además leyó una carta de la Vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega. 

 

Tras una ofrenda floral y un recital del poeta Ignacio Expósito Moral, tomaron la palabra, sucesivamente, el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, el alcalde de Torredelcampo, una hija de una de las víctimas, los secretarios provinciales de la UGT y CCOO, el autor del monumento, el catedrático Miguel Fuentes Olmo, la alcaldesa de Jaén, Carmen Peñalver, el teniente alcalde de Jaén José Luis Cano y el Consejero de la Presidencia de la Junta de Andalucía Gaspar Zarrías Arévalo.

 

El monumento, en el que han contribuido con diferentes colaboraciones el Ministerio de la Presidencia, la Junta de Andalucía, la Diputación Provincial. el Ayuntamiento de Jaén y los familiares de las víctimas en suscripción voluntaria, pone fin a un largo periodo de setenta años en el que las víctimas de la dictadura que yacen en aquel infame reducto, han sufrido el desarraigo póstumo de una muerte indigna. A los pies del monumento puedo leerse la siguiente inscripción: “Murieron por defender la libertad y la democracia”.

 

El monumento de San Eufrasio

 

En de febrero de 2004, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Jaén (ARMH), constituida cuatro meses antes, presentó una moción municipal que sería aprobada por la corporación jiennense. 

En las I Jornadas para la Recuperación de la Memoria Histórica celebradas en Jaén el 1 de octubre de 2003, ya propuse la necesidad urgente de nominar a las víctimas de la dictadura en los cementerios de esta provincia. En la primavera de 2004 solicité públicamente en asamblea de la ARMH de Jaén que el asunto del monolito y la nominación de las víctimasdebía ser un asunto prioritario debido al tiempo transcurrido y a la edad avanzada de los familiares directos de dichas víctimas. Con la colaboración de Rafael Cámara Mesa, me puse en contacto con escultores y arquitectos de reconocido prestigio, de alguna manera comprometidos con Jaén, solicitándoles su ingenio artístico para rendir tributo a los represaliados enterrados en el cementerio de San Eufrasio. Con varios participantes se realizó un concurso de ideas y el 8 de julio de 2004 se celebró la asamblea donde fue elegido el proyecto presentado por Miguel Fuentes del Olmo, escultor iliturgitano, catedrático de la Universidad de Sevilla y miembro de la Real Academia de Bellas Artes.

 

Yo mismo acompañé a Miguel Fuentes del Olmo a la fosa común de San Eufrasio y fui testigo del impacto que produjo en el artista aquel terrible lugar. Tras escuchar atentamente mis explicaciones sobre la historia del “corralillo”  y la idea que se pretendía, Fuentes del Olmo tomó varias fotografías en las que el mismo artista me solicitó posar para la recreación virtual del proyecto. El proyecto comenzaba a gestarse en su mente.

El resultado, después de tres años de trabajo, en el que se han realizado réplicas en hormigón en varios pueblos de la provincia, ha sido un impresionante espacio monumental, sobrecogedor por su significado, por su mensaje y por su traza artística, que refleja fielmente aquella idea inicial de dignidad, respeto y recogimiento que propusimos aquellos antiguos socios de la ARHM en sus comienzos.

 

Se trata de un magnífico relieve en bronce que destaca dos figuras yacentes inspiradas en la fotografia del miliciano de Cerro Muriano de Robert Capa acompañadas por tres figuras, también en bronce, que representan las sombras de las propias víctimas que quedaron sobre la pared. Las sombras, sobre las figuras inermes, son su última presencia en vida de las víctimas, simboliza el recuerdo, su persistencia en la memoria de los pueblos. Tras él una construcción mural recoge las lápidas con los nombres de 1.877 víctimas de la dictadura entre ejecutados y presos muertos. Así lo describió el propio autor en el acto de inauguración:

 

“En este monumento he buscado, a través de un alto relieve de estilo impresionista, una respuesta a la angustia de la muerte por fusilamiento, empleando elementos figurativos que expresan estos trágicos acontecimientos de nuestro pasado histórico. La parte correspondiente al relieve queda inscrito en una especie de diedro en el que se inserta el tema principal del monumento. Los distintos volúmenes que conforman la estructura principal, parten de las formas humanas: así con este relato se muestra la crueldad del drama. Una fosa común con cadáveres debidos a los fusilamientos. Una abatida sobre el suelo en sentido horizontal; otra, caída hacia detrás, en sentido oblicuo y equilibrando toda la composición, cuya horizontalidad da pluralidad a la narrativa del desastre. Por la parte superior emergen unas figuras simbólicas que recuerdan las sombras de las víctimas proyectadas sobre las tapias, por los faros de los camiones, quedando así perpetuadas a través del tiempo y del espacio. Para animar este drama, todo se apoya sobre un punto geométrico perspectivo, que nos sugiere como si las figuras flotaran en el espacio, elevándose sus espíritus en una aparente ingravidez. Elevación espacial y espiritual hasta alcanzar la libertad por la que dieron sus vidas, cuya memoria, hoy, es definitivamente restituida”.

 

No sin muchas reticencias, entre las que hay que añadir, tristemente, las procedentes del Obispado de Jaén, desde el día 1 de noviembre de 2007 se erige sobre la gran fosa 702 del viejo cementerio de Jaén el monumento en honor a las víctimas de la dictadura. Y se ha construido con un retraso imperdonable de los treinta años que median desde la instauración de la democracia hasta nuestros días. Tiempo en el que han fallecido muchos descendientes de estas víctimas que aguardaban, con eterna paciencia, el momento de dignificar la sepultura de unas personas enterradas como animales en las fosas vergüenza. Pero como bien dice el refrán “nunca es tarde si la dicha es buena”. Por ello me congratulo que al fin sea una realidad este espacio monumental y sobre todo la relación nominal de las víctimas que allí yacen. 

Tan sólo desluce el hecho de que este nuevo y bello espacio de recogimiento in memorian quede relegado en un cementerio desvencijado y ruinoso de futuro incierto. Es el tributo por llegar tarde. Confiemos en que las autoridades de Jaén valoren la enorme carga histórica y emocional que conserva aquel infame “corralillo” donde en la actualidad se erige el nuevo monumento que nos recuerda uno de los episodios más tristes y dramáticos de la historia de España y de esta provincia. 

En este punto, conviene recordar algunos antecedentes históricos sobre los homenajes y dignidades póstumas que desde 1939 han recibido, y aún reciben, las victimas del bando vencedor. 

 

Antecedentes históricos: homenajes en Jaén a los caídos de derechas

 

Nada más concluir la guerra civil se constituyó en Jaén la “Unión Provincial de Caídos por Dios y por España” que propuso exhumar en Vallecas (Madrid) los restos de las víctimas de los llamados “Trenes de la Muerte”, dos expediciones de presos derechistas que partieron de Jaén el 11 y 12 de agosto de 1936. El cabildo catedralicio propuso, el 20 de julio de 1939, dedicar la cripta del Sagrario de la Catedral de Jaén para dar cristiana sepultura a las víctimas de los derechistas jiennenses muertos en dichas expediciones así como a los fusilados en el cementerio de Mancha Real represaliados por el bombardeo franquista sobre Jaén en abril de 1937. Estás víctimas gozaron de todos los honores al ser sepultadas en el mayor templo de la provincia: la catedral. En octubre de 1939 se iniciaron las costosas obras de adecuación de la mencionada cripta bajo la dirección del arquitecto municipal José María López Rivera. 

 

La exhumación de los cadáveres de los derechistas jiennenses asesinados en Vallecas en 1936 se realizó el 4 de octubre de 1939 con la presencia del alcalde de Jaén, Juan Pedro Gutiérrez Higueras (hay en Jaén una calle con su nombre), acompañado por su teniente de alcalde, Antonio Alcalá Venceslada (con otra calle a su nombre) y condujeron los restos del Obispo Basulto (igualmente posee otra calle en la capital). A su regreso el concejo en pleno agradeció oficialmente al Ayuntamiento de Madrid, al de Vallecas por haberle proporcionado “toda clase de facilidades y ayuda eficacísima en la organización y trabajo necesarios para la exhumación y traslado de nuestros Mártires a esta capital.” Juan Higueras Maldonado nos describe cómo el 10 de marzo de 1940 se organizó un solemne evento para recibir al tren fletado desde Madrid que portaba los restos mortales de los inmolados. La comitiva fúnebre, en la que participaron las más altas personalidades bajo mazas, tanto civiles, con el gobernador civil y Jefe Provincial del Movimiento, Fernando Coca de la Piñera (hay una céntrica plaza en Jaén que lo recuerda), y eclesiásticas, con la presencia del Arzobispo de Granada, su Vicario General y el cabildo catedralicio en pleno. La comitiva atravesó Jaén acompañada por una muchedumbre en la que desfiló “todo el Clero Parroquial con cruces, el Clero Regular, todas las cofradías con sus estandartes y asociaciones religiosas con sus insignias y gallardetes”

 

Las obras de remodelación de la cripta del Sagrario, a la que se le incorporaron elementos religiosos y artísticos entre ellos un gran óleo del pintor Rafael Hidalgo de Caviedes y un magnífico cristo tallado por el famoso escultor Jacinto Higueras a cuyos pies, en el presbiterio, se instaló una lápida de mármol con el siguiente epitafio: “A la buena memoria del Excelentísimo y Reverendísimo señor Don Manuel Basulto y Jiménez obispo de Jaén que apresado en su casa por los marxistas encarcelado en su iglesia catedral y conducido a Madrid en un tren de presos antes de llegar a la capital postrándose de rodillas y bendiciendo a sus impíos ejecutores, fue inicuamente fusilado. Piadoso, afable, sabio, elocuente vivió LXVII años de su consagración XXVII recibió público y solemne homenaje fúnebre en la ciudad de su título episcopal el día X de marzo de MCMXL sus restos fueron depositados en esta cripta de su iglesia en espera de la resurrección de la carne”.

 

En sus paredes fueron colgadas se ocho enormes losas de mármol cuya principal anuncia: “Relación de los mártires inmolados por Dios y por España cuyos gloriosos restos yacen en esta cripta bajo el signo de la Santa Cruz trazada en el suelo”. A continuación de este epitafio se relacionan 328 nombres. El montante de las obras ascendió a 80.000 pesetas (importante cantidad para la época) que fueron sufragadas por las autoridades provinciales y locales. El Ayuntamiento de Jaén colaboró con 7.500 pesetas, también la Junta Pro-Caídos y el Obispado, así como otras pequeñas cantidades que se solicitaron a los familiares de los fallecidos (entre 50 y 200 pesetas según sus posibilidades). El 7 de marzo de 1942 el Diario Jaén publicaba a toda página la relación de los caídos enterrados en la cripta del Sagrario.

 

Con aquellos solemnes actos (y algunos más, como la construcción de la Cruz de los Caídos en la alameda de Calvo Sotelo) el bando vencedor se apresuró en rendir homenaje en Jaén a las víctimas de su bando. Menos de tres meses tardó el régimen franquista en perpetuar la memoria de sus caídos, pese a que muchos de ellos no fallecieron en esta provincia. En cambio, las víctimas del bando perdedor fueron sepultadas anónimamente en el“corralillo de los ahorcados” del cementerio de Jaén prohibiéndose su veneración, su nominación y los actos en su recuerdo.

 

La dictadura impuesta por los militares sublevados se prolongó tanto en el tiempo que aún hoy perduran, en las vías públicas y templos decenas de vestigios que los recuerdan. Medio centenar de calles de Jaén todavía recuerdan a personajes y hechos relacionados con el régimen franquista.

 

El silencio de la transición

Los años de transición fueron tensos y difíciles. Con la muerte de Franco en 1975 España entró en una etapa donde se alternaron los aires de libertad con el rancio aroma de la desconfianza de los sectores de la ultraderecha que creyó peligrar los espacios de poder y sus privilegios de antaño. El intento de golpe de Estado protagonizado por el teniente coronel Tejero el 23 de febrero de 1981 constituye el ejemplo más significativo de aquella tensión. Ni la ley de Amnistía de 1977 ni la victoria del partido socialista en 1982, tras casi medio siglo de gobierno conservador, restituyeron en Jaén la memoria de las víctimas silenciadas por la dictadura. Se trabajó en la reconciliación, pero no en el tributo debido a las víctimas de los sublevados, seguramente porque la reconciliación nacional pasaba por el no-tributo. La transición democrática se trazó manejando una exquisita prudencia, precisa por entonces. Aquella cautela formaba parte de un pacto de silencio en un intento de reconciliación nacional. Se mejoró, con mucho, las condiciones económicas de los militares y hubo, entre ellos, ascensos masivos mientras que las víctimas de aquellos, continuaban sumidos en el silencio de la ignominia. Un precio demasiado alto. Un silencio inmerecido en democracia.

 

 

 

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